El diseño web profesional no va de elegir colores: va de ordenar la información para que una persona con prisa encuentre lo que busca y dé el siguiente paso. La estética importa porque genera confianza, pero es la consecuencia de las decisiones de estructura, no el punto de partida.
Tres factores separan una web que trae clientes de una que solo existe. El primero es la claridad: en los primeros segundos hay que entender qué ofreces, a quién y por qué tú. El segundo es la velocidad, porque una página lenta pierde visitas antes de mostrar nada. El tercero es la fricción: cuántos clics, campos y dudas hay entre el interés y el contacto.
Por eso diseñamos con la conversión delante desde el primer boceto, y no como una capa que se añade al final. Una web bien construida además nace preparada para el posicionamiento SEO y para recibir tráfico de campañas de pago sin desperdiciarlo.
Cuando llega un rediseño, los problemas se repiten. Rara vez es una cuestión de gusto: casi siempre es estructura.
El más caro es no decir a qué te dedicas en la primera pantalla. Frases de marca vacías donde debería estar la propuesta concreta. El segundo es esconder el contacto: un teléfono que no se puede pulsar en móvil o un formulario con nueve campos obligatorios.
El tercero es meter todos los servicios en una sola página. Además de confundir, impide posicionar cada servicio por su término. El cuarto son las imágenes sin optimizar, que por sí solas pueden triplicar el tiempo de carga en una conexión móvil.
Depende del número de páginas, de si hay que redactar el contenido y de si vendes online. Una web corporativa de pyme se mueve en un rango muy distinto al de una tienda con catálogo amplio, y mezclarlas en un mismo precio de partida solo genera malentendidos.
Lo que sí es fijo: el dominio, el hosting y todos los accesos quedan a tu nombre. Nos parece básico, pero sigue siendo habitual encontrar negocios que no pueden tocar su propia web porque el dominio está registrado por quien se la hizo.
No trabajamos con tarifas cerradas: no cuesta lo mismo para un emprendedor, un comercio local, una pyme o una tienda online. Te preparamos un presupuesto a medida y sin compromiso, con lo que incluye y los plazos.
Entre cuatro y ocho semanas para una web corporativa. El factor que más alarga los plazos no es el diseño ni el desarrollo: es el contenido. Si las fotos y los textos dependen de ti, conviene empezar a reunirlos desde el primer día.
Sí. Dominio, hosting y accesos de administrador a tu nombre desde el principio. Puedes llevártela con quien quieras sin pedir permiso. Es una pregunta que conviene hacer a cualquier proveedor antes de firmar.
Sí. Trabajamos con WordPress precisamente por eso: puedes cambiar textos, imágenes o añadir páginas sin tocar código. Al entregar hacemos una sesión de formación y te dejamos documentado lo básico. Si quieres el detalle técnico del desarrollo, lo tienes en diseño web WordPress.
Depende del estado de la base. Si la estructura es razonable y el problema son textos, velocidad o conversión, suele salir más a cuenta optimizar lo que hay. Si el sitio está sobre una plantilla pesada o desactualizada, rehacer sale más barato que parchear. Te decimos cuál es el caso antes de presupuestar.
Podemos encargarnos de la redacción o partir de los tuyos. Lo que no hacemos es publicar contenido genérico de relleno: los textos son la mitad del trabajo de conversión y también lo que posiciona.
Sí, en su base técnica: estructura de encabezados, etiquetas, velocidad, datos estructurados y URLs limpias. Eso es el punto de partida, no el posicionamiento en sí, que es un trabajo continuo que explicamos en posicionamiento SEO.
5 preguntas antes de aceptar un presupuesto de diseño web.
Si tu web todavía tiene el icono genérico, se resuelve en dos minutos. La herramienta genera todos los tamaños que necesitas a partir de tu logo, más el código para la cabecera.