Google Ads es el canal de publicidad online con la intención de compra más alta: el usuario escribe exactamente lo que necesita y tú apareces en ese momento. Por eso suele ser la primera plataforma que activamos, antes que redes sociales.
Tiene sentido cuando tu servicio se busca de forma activa —un cerrajero, un dentista, un taller, un despacho— y cuando el margen por cliente aguanta pagar por la captación. Si lo que vendes todavía no se busca porque nadie sabe que existe, el trabajo empieza antes, en redes o en contenido.
No sustituye al posicionamiento SEO: lo complementa. Ads factura desde la primera semana pero se apaga cuando dejas de pagar; el orgánico tarda meses pero no desaparece. Lo habitual es sostener el negocio con Ads mientras el SEO construye la base.
Si trabajas por zona, el mayor desperdicio de presupuesto no son las palabras clave: es la geografía. Pagar clics de gente que está a ochenta kilómetros y nunca va a desplazarse es el error más común en cuentas de negocio local.
Configuramos el radio real de servicio, la presencia en Google Maps vinculando tu ficha de empresa, y las extensiones de ubicación y llamada para que el contacto se pueda hacer desde el propio anuncio, sin pasar por la web.
Un apunte técnico que conviene saber: las antiguas «campañas locales» como tipo independiente ya no existen. Google las absorbió dentro de Performance Max. Hoy el trabajo local se hace con segmentación geográfica en búsqueda, objetivos de visita en Performance Max y la ficha de empresa bien enlazada.
La mayoría de visitas no contacta en el primer paso. Compara, se distrae o aparca la decisión. El remarketing vuelve a poner tu marca delante de esas personas mientras navegan por otras webs, ven YouTube o vuelven a buscar.
Es casi siempre el tramo más rentable de la cuenta, y por un motivo simple: te diriges a gente que ya mostró interés, así que el coste por cliente baja mucho respecto a la captación en frío.
Requiere dos cosas: etiquetas bien instaladas y tráfico previo suficiente para formar audiencias. Por eso no se activa el primer día, sino cuando la cuenta ya ha acumulado visitas. Segmentamos además por comportamiento —quien vio precios no recibe el mismo mensaje que quien solo pasó por la home— y limitamos la frecuencia para no quemar a la audiencia.
Hay dos partidas distintas: lo que pagas a Google por los clics y los honorarios de gestión. En negocio local, una inversión de partida razonable arranca sobre los 300-500 € al mes; por debajo cuesta reunir conversiones suficientes para optimizar con criterio.
Cobramos cuota fija, no porcentaje sobre inversión: así el incentivo está en que te salga rentable, no en que gastes más.
No trabajamos con tarifas cerradas: no cuesta lo mismo para un emprendedor, un comercio local, una pyme o una tienda online. Te preparamos un presupuesto a medida y sin compromiso, con la inversión recomendada en Google, lo que incluye la gestión y los plazos.
Los anuncios se muestran el mismo día que se aprueban, así que visitas hay desde la primera semana. La rentabilidad es otra cosa: hacen falta entre tres y seis semanas de datos para podar lo que no funciona y que el coste por cliente se estabilice.
Tuya, siempre. Trabajamos con acceso a tu cuenta de Google Ads, nunca dentro de una cuenta nuestra. Si algún día dejamos de colaborar, el histórico, las campañas y el aprendizaje acumulado se quedan contigo. Es un punto en el que conviene fijarse al comparar agencias.
Sí, y suele ser de los canales más rentables si la zona está bien acotada. La clave está en no pagar clics fuera del radio que puedes atender y en aprovechar extensiones de llamada y ubicación. Lo explicamos en la sección de campañas locales de esta misma página.
Los anuncios dejan de mostrarse ese mismo día y el tráfico de pago desaparece. No hay efecto residual, salvo el historial de la cuenta, que sí ayuda si retomas más adelante. Por eso conviene trabajar SEO en paralelo.
Sí, es lo más habitual. Empezamos con una auditoría antes de rehacer nada: muchas veces el problema no es el presupuesto, sino la estructura, las concordancias abiertas o unas conversiones mal configuradas que hacen que los datos mientan.
Depende de si tu servicio se busca. Google capta a quien ya tiene la necesidad detectada y la está escribiendo; Meta llega a quien encaja con tu cliente pero todavía no te busca. En servicios con demanda clara empezamos por Google; en producto visual o impulso, por Meta.
Diferencias reales y cuándo conviene cada uno, o los dos.
Miramos la competencia en subasta de tu sector y tu zona, revisamos la página a la que llegarían las visitas y te decimos con qué presupuesto tiene sentido arrancar. Si no lo vemos rentable, te lo decimos.
Antes de invertir conviene tener dónde aterrizar: Google Ads no arregla una web que no convierte. Si la página de destino no está preparada, el primer paso es una landing page para Google Ads, enfocada en un solo servicio y una sola acción, con la misma promesa que el anuncio. Si prefieres no empezar de cero, trabajamos la optimización CRO de la web que ya tienes. Sin eso, pagas por clics que se van y el coste por cliente sube sin que hayas tocado el presupuesto.