La publicidad online —también llamada paid media o publicidad de pago— agrupa todas las campañas en las que pagas por aparecer ante un público concreto: anuncios en el buscador de Google, en Maps, en Instagram, en Facebook o en las webs de la red de display. A diferencia del SEO, la visibilidad es inmediata y se apaga cuando dejas de invertir.
Esa es justamente su utilidad. El posicionamiento orgánico tarda meses en consolidarse, y durante ese tiempo el negocio tiene que seguir facturando. La publicidad online cubre ese hueco: captas clientes desde la primera semana mientras el trabajo de fondo madura. También es la vía rápida para validar si un servicio nuevo tiene demanda real antes de invertir en contenido para posicionarlo.
Conviene cuando tienes urgencia comercial, margen suficiente para pagar por cada cliente y una web capaz de convertir la visita. Si falta lo último, el dinero se va en tráfico que rebota: por eso antes de lanzar revisamos la página de destino.
Hay dos partidas que conviene no mezclar: la inversión publicitaria, que va íntegra a Google o Meta, y los honorarios de gestión. En negocio local, una inversión de partida razonable arranca sobre los 300-500 € al mes por plataforma; por debajo cuesta reunir datos suficientes para optimizar.
Los honorarios dependen del número de campañas y plataformas. Preferimos cuota fija a porcentaje sobre inversión: alinea el incentivo con tu rentabilidad, no con que gastes más.
En negocio local, a partir de unos 300-500 € mensuales de inversión por plataforma se reúnen datos suficientes para optimizar. Con menos se puede arrancar, pero el aprendizaje es más lento y las conclusiones menos fiables. A eso se suman los honorarios de gestión, que van aparte.
No exactamente. SEM se refiere a la publicidad en buscadores —básicamente Google Ads. La publicidad online es el término amplio: incluye el SEM y también las redes sociales, el remarketing y la red de display. Por eso esta página es el punto de partida y desde aquí bajas a cada canal.
Sí, y en muchos casos es lo recomendable para empezar. Google capta a quien ya busca tu servicio, que es la intención más alta. Meta Ads tiene más sentido cuando el producto entra por la vista o cuando quieres llegar a quien todavía no te busca.
Los anuncios dejan de mostrarse ese mismo día y el tráfico de pago desaparece. Es la diferencia fundamental con el SEO. Por eso recomendamos trabajar ambos en paralelo: la publicidad sostiene la facturación mientras el orgánico construye una base que no se apaga.
Sí, y es lo más habitual. Empezamos con una auditoría de la cuenta para ver qué se está desperdiciando antes de rehacer nada. Muchas veces el problema no es el presupuesto, sino la estructura, las concordancias o unas conversiones mal configuradas.
Con conversiones reales, no con clics ni impresiones. Configuramos el seguimiento de llamadas, formularios y ventas, y el informe mensual muestra cuánto cuesta conseguir un cliente y qué retorno deja cada euro invertido.