Responder el mismo mensaje veinte veces, copiar datos de un formulario a mano o perseguir presupuestos que se enfrían son tareas que no deberías estar haciendo tú. Montamos automatizaciones sencillas sobre las herramientas que ya usas: cada una resuelve una tarea concreta y se puede medir.
Depende de dónde la pongas. Automatizamos la parte administrativa —confirmaciones, avisos, recordatorios—, no la conversación que necesita criterio. El cliente nota que le responden antes, no que le responde una máquina.
No. Muchas automatizaciones se montan sobre lo que ya tienes: un formulario, una hoja de cálculo y el correo. Si más adelante el volumen pide un CRM, se cambia esa pieza sin rehacer el resto.
Una automatización sencilla se prueba en días. Lo que lleva tiempo es decidir el orden y dejar claro qué debe pasar en cada caso, que es justo la parte que hacemos contigo.
Toda automatización deja registro y avisa cuando no se ejecuta. Es la diferencia entre enterarte tú a tiempo o enterarte por un cliente que se quedó sin respuesta.
Es donde más se nota, porque es donde más se repite la misma conversación. Trabajamos con las herramientas de mensajería que ya usas, sin obligarte a cambiar de número.
Precisamente por eso empezamos por una tarea concreta y la probamos. Lo que no hacemos es vender un paquete cerrado antes de saber cómo trabajas.
Señales de que la necesitas y qué no debe hacer nunca un bot.
Si todavía no tienes un enlace de WhatsApp en tu web, empieza por ahí: es gratis y resuelve la mitad del problema. Genera uno con el mensaje ya escrito y colócalo donde el cliente te busca.